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El amigo que nunca se cansa de escuchar

Hablar con un compañero de IA puede aliviar la soledad de verdad en el momento. Los estudios sobre un uso más intenso y prolongado cuentan otra historia, y la diferencia quizá esté en la reciprocidad.

Son las dos de la madrugada. Los pensamientos no te dejan dormir, y escribirle a alguien resulta incómodo: tus amigos duermen, y por la mañana tendrías que explicar qué ha pasado. La aplicación del móvil responde en un segundo. Es atenta, no interrumpe, recuerda de qué hablasteis la semana pasada y nunca te dirá: «Lo dejamos para mañana, estoy cansado».

Para mucha gente, un interlocutor así ya forma parte de la vida cotidiana. En un estudio de un año de duración, en cada ronda de la encuesta entre una cuarta parte y casi un tercio de los adultos de cuatro países anglófonos dijeron que usaban chatbots con fines sociales: para conversar, recibir apoyo o simplemente no estar solos.

Los psicólogos buscan ahora respuesta a una pregunta sencilla: ¿estas conversaciones hacen que la gente se sienta menos sola? La respuesta honesta es sí y no. Y ese «sí y no» es lo más interesante.

La soledad no es un asunto menor

La soledad no es lo mismo que estar solo. Los psicólogos la describen como la sensación dolorosa de tener menos vínculos con otras personas de los que uno querría, o vínculos menos profundos. Uno puede sentirse solo en una oficina llena de gente y no sentirse solo en absoluto pasando la tarde a solas con un libro.

La magnitud del problema es grande. Según la Comisión de la OMS sobre Conexión Social (informe de 2025), la soledad afecta aproximadamente a una de cada seis personas en el mundo. La soledad se asocia con unas 871.000 muertes al año, cerca de 100 cada hora.

En España, según el Barómetro de la soledad no deseada 2024 del Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada (Fundación ONCE y Fundación AXA), una de cada cinco personas (20 %) sufre soledad no deseada. Entre los jóvenes de 18 a 24 años la cifra llega al 34,6 %, la más alta de todos los grupos de edad. Es decir, la soledad no es solo un problema de las personas mayores.

Así que la pregunta de si los chatbots ayudan no tiene que ver con una moda tecnológica. Tiene que ver con el bienestar de millones de personas.

Argumentos a favor: un bot realmente puede ayudar

La evidencia más sólida a favor de los compañeros de IA proviene de una serie de experimentos de Julian De Freitas, de la Harvard Business School, y sus colegas, publicada en el Journal of Consumer Research.

Los investigadores compararon cómo cambiaba la sensación de soledad tras distintas actividades. Conversar con un compañero de IA la reducía más o menos tanto como conversar con una persona real, y bastante más que, por ejemplo, ver vídeos en YouTube. En uno de los estudios, los participantes usaron un compañero durante una semana, y el alivio tras las conversaciones se mantuvo de forma estable.

Lo más interesante es el mecanismo. El efecto no se explicaba solo por lo bien que respondía el bot. Lo decisivo era si la persona se sentía escuchada. Además, los participantes subestimaban sistemáticamente cuánto mejor se iban a sentir.

Así que el alivio es real. Pero estos estudios midieron el bienestar justo después de las conversaciones y a lo largo de una semana. Lo que ocurre a lo largo de meses es otra cuestión.

Argumentos en contra: el uso intensivo va de la mano de la soledad

Otros estudios miran más allá de una sola conversación —al uso intensivo y a periodos más largos— y ven un panorama más preocupante.

Stanford, 2026. En agosto, Nature Human Behaviour publicó un estudio del equipo de Diyi Yang en la Universidad de Stanford. Los investigadores encuestaron a 1131 usuarios adultos de Character.AI en Estados Unidos. De ellos, 237 compartieron el historial de sus chats: más de 460.000 mensajes.

Las personas con un círculo social más reducido fuera de internet usaban con más frecuencia el bot precisamente como compañía. Y ese uso se asociaba con un menor bienestar psicológico. La asociación se intensificaba cuando las conversaciones eran frecuentes y cuando la persona contaba mucho sobre sí misma.

MIT y OpenAI. En un experimento aleatorizado de cuatro semanas, 981 participantes conversaron con ChatGPT en distintos modos —por texto, con una voz neutra o con una voz expresiva— y sobre distintos tipos de temas. El modo asignado apenas cambió nada. Lo que importaba era la cantidad: quienes usaban el bot más por voluntad propia declaraban más soledad, se relacionaban menos con otras personas y dependían emocionalmente más del bot. Por ahora, este trabajo solo se ha publicado como preprint.

Un año de observación. La secuencia de los hechos la muestra mejor un estudio de Dunigan Folk y Elizabeth Dunn, publicado en Psychological Science en mayo de 2026. Participaron 2149 adultos del Reino Unido, Estados Unidos, Canadá y Australia, encuestados hasta cuatro veces a lo largo de un año, con unos cuatro meses de intervalo (menos de la mitad completó las cuatro encuestas).

Las personas que se sentían emocionalmente aisladas recurrían con más frecuencia a los chatbots en busca de compañía cuatro meses después. Y después de usar más los chatbots, su sensación de aislamiento aumentaba aún más. Parece un círculo vicioso, aunque los autores subrayan que el trabajo es exploratorio y se basa en autoinformes. Un detalle importa: un mayor uso de chatbots no predijo después una menor conexión social en general, solo una sensación más intensa de aislamiento emocional.

Cómo conciliar estos resultados

A primera vista, los estudios se contradicen. Una lectura plausible es que describen escalas de tiempo distintas: el alivio de una sola conversación frente al patrón que se forma a lo largo de semanas y meses.

Una conversación con un bot puede aportar un alivio rápido y genuino. El problema surge cuando esas conversaciones van ocupando poco a poco el lugar de las reales. La comparación con un tentempié es oportuna: una galleta calma el hambre de verdad, pero si sustituye a la comida todos los días, algo acabará faltando.

¿Por qué podría ocurrir esto? Una posible explicación es la reciprocidad. La cercanía humana se construye cuando ambos se abren: tú cuentas algo personal, el otro responde de la misma manera, y la confianza crece por ambas partes. Los experimentos clásicos del psicólogo Arthur Aron mostraron que la apertura mutua y gradual acerca notablemente incluso a desconocidos.

El bot escucha, pero no arriesga nada. No tiene días malos, no necesita tu apoyo y nunca se cansa de ti. Es cómodo. Pero precisamente por eso, el bot puede no dar lo que dan las relaciones: la sensación de que no solo te escuchan, sino de que alguien te necesita.

Importante: es nuestra interpretación, una hipótesis coherente con los datos que ninguno de estos estudios ha puesto a prueba.

Dónde falla la explicación

Estos estudios tienen limitaciones importantes que conviene tener presentes.

  • Correlación no es causalidad. El estudio de Stanford es una instantánea en un solo momento. No permite saber si el bot empeora el bienestar o si las personas con peor bienestar buscan más a menudo un bot. Incluso en el experimento de MIT y OpenAI se asignó al azar el modo de interacción, no cuánto iba a conversar cada persona.
  • Muestras limitadas. Casi todos los participantes procedían de países anglófonos, y los usuarios de Character.AI son un público específico. No se sabe si estos resultados se cumplen en España o en América Latina.
  • Autoinformes. Las propias personas evalúan tanto su soledad como el tiempo que pasan con el bot. Ambas estimaciones pueden ser imprecisas.
  • La tecnología avanza más rápido que la ciencia. Los modelos estudiados hace dos años son distintos de los actuales. Las conclusiones pueden quedarse anticuadas incluso antes de publicarse.
  • Las personas son distintas. Los datos describen tendencias medias. Para algunos, el bot es un apoyo temporal en un periodo difícil; para otros, sustituye a todas las demás conversaciones. Es poco probable que las consecuencias de ambos escenarios sean las mismas.

Por qué los reguladores prestan atención

La cuestión ya ha salido de los laboratorios. En febrero de 2026, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció que España prohibirá el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años, sin excepciones con consentimiento paterno y con sistemas de verificación de edad «robustos». La medida se debate en el marco del proyecto de ley orgánica de protección de las personas menores de edad en los entornos digitales. A finales de septiembre de 2026 el texto seguía en fase de ponencia en la Comisión de Justicia del Congreso: aún tiene que pasar por el Pleno y el Senado, y detalles como el papel del consentimiento paterno todavía pueden cambiar.

A escala europea, a mediados de septiembre de 2026 la Comisión Europea propuso prohibir las redes sociales a los menores de 13 años y crear «minicuentas» con un límite de una hora diaria entre los 13 y los 15. La propuesta alcanzaría también a algunos videojuegos y chatbots de IA, aunque los críticos señalan que sus salvaguardas frente a los diseños de tipo «compañero» son demasiado generales. Ninguna de las dos iniciativas es todavía ley: la europea aún deben aprobarla el Parlamento Europeo y los Estados miembros. Pero el mero hecho de que los chatbots aparezcan junto a las redes sociales es significativo.

Qué se desprende de todo esto

Las investigaciones no dan motivos para el pánico ni para avergonzar a quienes hablan con bots. Pero sugieren algunas preguntas que vale la pena hacerse de vez en cuando:

  • Después de hablar con un bot, ¿me resulta más fácil volver a las personas, o me apetece todavía menos?
  • ¿Le cuento al bot cosas que hace tiempo que no le cuento a nadie más?
  • ¿El bot complementa mis relaciones o las va sustituyendo poco a poco?

Una observación más: para sentirse menos solo, no hace falta tener de inmediato una amistad profunda. Un estudio de Gillian Sandstrom y Elizabeth Dunn mostró que incluso las conversaciones breves con «vínculos débiles» —el barista, un vecino, un conocido del club— se asocian con un mejor estado de ánimo y una mayor sensación de pertenencia.

A menudo, el camino más sencillo hacia los demás pasa por una actividad compartida y no por una conversación íntima. Un paseo, el voluntariado, un club, una partida de ajedrez con un rival de carne y hueso. En situaciones así no hace falta contar nada sobre uno mismo: basta con hacer algo juntos. Y la conversación, si apetece, llegará sola.

Conclusión

Un amigo que nunca se cansa de escuchar es un verdadero consuelo cuando no hay nadie cerca. Las investigaciones confirman que el alivio tras esas conversaciones es real.

Pero la amistad no consiste solo en ser escuchado. También consiste en escuchar al otro: su cansancio, su mal día, su petición de ayuda. Justo esa reciprocidad es la que un bot no puede ofrecer.

Así que la pregunta principal probablemente no sea si hablar o no con un bot. Sino si, después, sigue quedando espacio para las personas.

Preguntas para el debate

  1. ¿Por qué a veces a la gente le resulta más fácil abrirse a un bot que a alguien conocido?
  2. En tu opinión, ¿dónde está el límite entre una herramienta útil y un sustituto de las relaciones?
  3. ¿Qué «vínculos débiles» de tu vida hacen tu día un poco mejor sin que te des cuenta?

Sources

  1. Social connection linked to improved health and reduced risk of early death — World Health Organization, 2025-06-30
  2. AI Companions Reduce Loneliness — Journal of Consumer Research 52(6) (De Freitas, Oğuz-Uğuralp, Uğuralp & Puntoni), 2026-04-01
  3. Interaction with AI companions and psychological well-being — Nature Human Behaviour (Zhang, Zhao, Hancock, Kraut & Yang), 2026-08-04
  4. How AI and Human Behaviors Shape Psychosocial Effects of Extended Chatbot Use — arXiv preprint (Fang, Liu et al., MIT Media Lab & OpenAI), 2025-03-21
  5. Turning to chatbots when lonely may exacerbate feelings of loneliness (summary of Folk & Dunn, Psychological Science) — PsyPost
  6. The Experimental Generation of Interpersonal Closeness — Personality and Social Psychology Bulletin (Aron et al.), 1997-04-01
  7. Social interactions and well-being: The surprising power of weak ties (research overview) — Personality and Social Psychology Bulletin (Sandstrom & Dunn, 2014)
  8. EU announces plan to ban social media for under 13s — CNN, 2026-09-16
  9. EU Kids Act: The EU's plan to make the internet safer for kids — Euronews, 2026-09-22
  10. The European Union Sets Limits on Teen Social Media Use — Gizmodo
  11. Barómetro de la soledad no deseada en España 2024 — Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada (Fundación ONCE, Fundación AXA)
  12. El Congreso retoma la ley que prohibiría las redes sociales a menores de 16 años — Moncloa.com, 2026-09-26
  13. España anuncia la prohibición del acceso a redes sociales para menores de 16 años — PantallasAmigas

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