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¿Se puede entrenar la paciencia?

Solemos ver la paciencia como un rasgo: se tiene o no se tiene. La investigación reciente la mira de otra forma: la impaciencia es una emoción, y la paciencia, una manera de gestionarla. Qué significa esto para las filas, los retrasos y las partidas lentas.

La barra de carga se ha quedado en el 97 %. El autobús tenía que haber pasado hace cuatro minutos. La persona que tienes delante en la fila de la caja se acuerda de que olvidó el pan y va a buscarlo, dejando su cesta en la cinta.

En cada uno de esos momentos algo se tensa por dentro. Nos decimos que deberíamos ser más pacientes, como si la paciencia fuera una reserva que unas personas tienen más llena que otras. Pero ¿es así? Y si la paciencia se puede desarrollar, ¿cómo exactamente?

La paciencia no es una sola cosa

Durante mucho tiempo, la palabra «paciencia» en psicología escondía al menos dos ideas distintas.

La primera es la gratificación diferida: la capacidad de renunciar a una recompensa menor ahora a cambio de una mayor después. El ejemplo más conocido es la «prueba del malvavisco», en la que un niño puede comerse un malvavisco enseguida o esperar y recibir dos.

La segunda idea es más reciente. La psicóloga Kate Sweeny, de la Universidad de California en Riverside, y sus colegas propusieron ver la impaciencia como una emoción propia, igual que el enojo o la ansiedad. En este modelo, la paciencia no es un rasgo, sino una forma de manejar esa emoción cuando una meta se retrasa.

La diferencia no es solo de palabras. Si la paciencia es un rasgo, se tiene o no se tiene. Si es una forma de regular una emoción, se puede aprender, igual que se aprende a calmarse antes de hablar en público.

Qué hace insoportable una espera

En 2024, Sweeny, Jason Hawes y Olivia Karaman pusieron a prueba este modelo en tres estudios con 1401 participantes. La mayoría de las veces, los participantes imaginaban situaciones conocidas: un embotellamiento, una reunión interminable, la sala de espera del médico. Los investigadores variaban los detalles de cada escenario.

La impaciencia no crecía simplemente cuando la espera era larga, sino cuando duraba más de lo previsto y parecía injusta o poco razonable. Era peor cuando la propia espera resultaba desagradable, cuando la meta importaba mucho y cuando alguien tenía claramente la culpa del retraso.

El segundo hallazgo es más interesante. Lo bien que alguien conseguía mantener la paciencia dependía más de la propia persona que de la situación. Los participantes más pacientes toleraban mejor la incertidumbre, eran más estables emocionalmente, comprendían y manejaban mejor sus emociones y eran más afables.

Los propios autores lo llaman una primera prueba del modelo. La mayoría de los datos provienen de escenarios imaginados, no de filas reales.

El malvavisco, reescrito

La clásica prueba del malvavisco de los años sesenta y setenta convirtió la gratificación diferida casi en un símbolo de éxito. Seguimientos posteriores de esos mismos niños encontraron que quienes habían esperado más tenían mejores resultados en la adolescencia. De ahí nació una idea popular: la fuerza de voluntad a los cuatro años predice el futuro.

En 2018, Tyler Watts, Greg Duncan y Haonan Quan repitieron el estudio con una muestra mucho mayor y más diversa: más de 900 niños de Estados Unidos. La relación entre esperar a los cuatro años y el rendimiento escolar a los quince fue más o menos la mitad de fuerte que en los estudios originales. Y cuando se tuvieron en cuenta el entorno familiar, las habilidades cognitivas tempranas y el ambiente en el hogar, se redujo en unas dos terceras partes.

Antes aún, en 2012, Celeste Kidd y sus colegas de la Universidad de Rochester añadieron un paso previo a la prueba. La investigadora cumplía las promesas que le hacía al niño o las rompía. Los niños que acababan de comprobar que el adulto era de fiar esperaron de media unos 12 minutos. Aquellos a quienes se les había roto una promesa, unos tres.

En ese estudio participaron solo 28 niños, así que es más un ejemplo llamativo que una conclusión definitiva. Pero la idea es importante: esperar tiene sentido cuando crees que lo prometido llegará de verdad. Lo que parece falta de fuerza de voluntad puede ser una respuesta sensata a un entorno poco fiable.

¿Se puede entrenar?

Así que la paciencia depende tanto de la persona como de la situación. ¿Se puede cambiar la primera parte? La respuesta honesta: a corto plazo, sí; sobre los efectos a largo plazo hay pocos datos.

La técnica mejor estudiada se llama pensamiento episódico futuro. Se pide a la persona que imagine con detalle un acontecimiento de su propio futuro: dónde estará, qué hará y con quién. Un metaanálisis de 2021 con 47 estudios encontró que, después de este ejercicio, la gente elegía con más frecuencia una recompensa mayor pero más tardía en tareas de laboratorio. El efecto fue moderado y se debió sobre todo a imaginar acontecimientos agradables; los neutros o negativos apenas cambiaban nada.

Una advertencia importante: esto se midió justo después del ejercicio y sobre todo en tareas de laboratorio. Estos estudios no muestran si alguien se vuelve más paciente en su vida diaria un mes después.

En la investigación de Sweeny, los participantes también describieron lo que les ayuda en los momentos de impaciencia: distraerse, respirar con calma unas cuantas veces, mirar la situación desde otro ángulo. Son autoinformes, no un experimento comprobado. Pero encajan con el modelo: si la impaciencia es una emoción, se puede regular de las mismas maneras que las demás.

Dónde falla esta imagen

El modelo de Sweeny es joven y tiene límites evidentes. Un embotellamiento imaginado no es uno real. Y la idea de qué espera es «normal» probablemente cambia entre culturas e incluso entre ciudades, así que el modelo aún debe ponerse a prueba en entornos distintos.

Hay además una pregunta de fondo: ¿la paciencia siempre es buena? Si la impaciencia aparece cuando un retraso parece injusto, a veces simplemente señala con acierto una injusticia. Esperar con paciencia a que alguien corrija un error evidente no siempre es una virtud. A veces es mejor ir a preguntar.

Por último, la historia del malvavisco recuerda que lo que parece un rasgo personal a menudo refleja en parte las circunstancias en las que alguien crece y vive.

Qué hacer con todo esto

Ninguno de estos resultados promete que en una semana te volverás imperturbable. Pero de ellos se desprenden algunas observaciones.

  • Ponle nombre a lo que te irrita. Según los datos de Sweeny, rara vez el problema es la duración. ¿El retraso te parece injusto? ¿Alguien tiene la culpa? ¿La meta es muy importante? A veces la respuesta ya baja un poco la tensión.
  • Cambia lo que puedas de la situación. Una espera desagradable aumenta la impaciencia, así que un libro en la fila o un lugar donde sentarse no son detalles menores.
  • Imagina un «después» concreto. No una recompensa abstracta, sino una escena agradable: qué harás cuando termine la espera.
  • Pregúntate si vale la pena esperar. Si las promesas se incumplen una y otra vez, la impaciencia puede no ser un defecto, sino una señal sensata.

Un pequeño experimento: juega una partida lenta sin reloj —el go 9×9 va muy bien para esto—. Cada vez que quieras mover «para acabar antes», detente un segundo e intenta nombrar qué es exactamente lo que te impacienta. No corrijas nada; solo obsérvalo.

Preguntas para el debate

  1. ¿Qué tipo de espera te irrita más? ¿De verdad tiene que ver con lo que dura?
  2. ¿Te ha pasado alguna vez que la impaciencia resultara ser la reacción correcta?
  3. ¿Ha cambiado tu paciencia con los años? ¿Qué crees que influyó?

Sources

  1. When Time Is the Enemy: An Initial Test of the Process Model of Patience — Personality and Social Psychology Bulletin, 2024-10-26
  2. Revisiting the Marshmallow Test: A Conceptual Replication Investigating Links Between Early Delay of Gratification and Later Outcomes — Psychological Science, 2018-05-25
  3. Rational snacking: Young children's decision-making on the marshmallow task is moderated by beliefs about environmental reliability — Cognition
  4. A meta-analysis of the effects of episodic future thinking on delay discounting — Quarterly Journal of Experimental Psychology, 2021-12-29

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