Imagine dos preguntas. La primera: «En general, ¿diría usted que se puede confiar en la mayoría de las personas o que hay que tener mucho cuidado al tratar con la gente?». La segunda: «¿Cuántas personas en este país confían unas en otras?».
Las dos parecen tratar de lo mismo: la confianza en la sociedad. Pero si se plantean a los mismos países, las clasificaciones pueden salir casi al revés. Eso es lo que encontró un estudio reciente publicado en la revista Scientific Reports.
De dónde salen los datos
El estudio se basa en el Global Flourishing Study, una de las mayores encuestas actuales sobre bienestar. Lo dirigen el Programa de Florecimiento Humano de la Universidad de Harvard y el Instituto de Estudios de la Religión de la Universidad de Baylor; los datos los recoge Gallup. Es una encuesta de panel: las mismas personas responden cada año durante cinco años.
Los autores del nuevo artículo, entre ellos Byron Johnson y Tyler VanderWeele, usaron la primera oleada: 202.898 adultos de 22 países, encuestados sobre todo en 2023. Entre esos países están España, México, Argentina y Brasil, además de Estados Unidos, el Reino Unido, Alemania, Suecia, Polonia, Japón, Indonesia y Filipinas.
Les interesaba la segunda pregunta: «¿Cuántas personas en este país confían unas en otras?». Las respuestas iban de «todas» a «ninguna». Los autores consideraron «todas» o «la mayoría» como señal de una alta confianza percibida.
Dos preguntas, dos confianzas distintas
La diferencia entre ambas preguntas es sutil, pero importante.
La pregunta clásica, si «se puede confiar en la mayoría de las personas», se hace desde hace décadas en la Encuesta Mundial de Valores (World Values Survey) y también, en América Latina, en el Latinobarómetro. Pregunta por tu propia confianza: cómo te acercas tú a las personas que no conoces.
La pregunta del Global Flourishing Study pregunta otra cosa: cuánta confianza ves a tu alrededor. No se trata de tu conducta, sino de tu impresión sobre la sociedad. Los autores lo llaman «confianza percibida».
Se puede confiar en la gente y, al mismo tiempo, creer que los demás no confían entre sí. Y al revés.
Una clasificación al revés
En confianza percibida encabezan la lista Indonesia (el 50 % respondió «todas» o «la mayoría»), Filipinas (49 %) y Hong Kong (48 %). Es aproximadamente el doble de la media de los 22 países, un 25 %. Las cifras más bajas son las de Estados Unidos (10 %), Brasil (10 %) y Sudáfrica (11 %).
Ahora tomemos la pregunta clásica sobre la confianza propia. Aquí Estados Unidos sube del último puesto al sexto entre los mismos países. Según el año, entre el 35 % y el 50 % de los estadounidenses respondió que se puede confiar en la mayoría de las personas. Indonesia y Filipinas, en cambio, quedan en lo más bajo: en Indonesia, en 2022, solo el 4,6 % respondió así.
Es decir, en un país la gente confía personalmente en los demás con relativa frecuencia, pero cree que sus compatriotas no confían entre sí. En otro, la cautela personal es alta y la impresión sobre la sociedad, cálida.
El caso de América Latina
Para los lectores latinoamericanos, la pregunta clásica tiene un contexto conocido: la región figura desde hace años entre las de menor confianza interpersonal del mundo. Según el informe Latinobarómetro 2024, tal como lo recoge un análisis publicado por Político MX, de media solo el 15 % de los latinoamericanos dice que se puede confiar en la mayoría de las personas. México encabeza la región con un 26 %, seguido de Argentina con un 24 %; en Brasil la cifra es del 5 %.
El nuevo estudio no publica en el texto los valores de confianza percibida para México, Argentina o España, así que no podemos comparar ambas medidas para estos países. Sí señala algo llamativo sobre México: es uno de los nueve países donde la confianza percibida disminuye a medida que aumenta el nivel educativo. En España, Estados Unidos, Alemania o el Reino Unido ocurre lo contrario.
Por qué puede pasar esto
Los autores proponen varias explicaciones y dejan claro que son hipótesis.
Los relatos. La confianza percibida es una impresión general sobre la sociedad. Puede depender más de las historias compartidas y de los medios que de la experiencia personal. Para Estados Unidos, los autores mencionan las noticias sobre la caída de la confianza, los relatos de polarización política y el legado histórico de la esclavitud y la segregación.
El círculo cercano. En Indonesia y Filipinas los lazos familiares son fuertes. Al preguntarles por «la gente del país», los encuestados pueden pensar ante todo en los suyos. Además, las normas culturales que valoran la armonía y el optimismo pueden llevar a responder cómo deberían ser las cosas y no cómo son.
La traducción y la forma de responder. Las palabras «cuántas personas» pueden sonar distinto en cada idioma. Algunos grupos de encuestados, además, tienden a elegir con más frecuencia las respuestas intermedias.
¿En quién pensamos cuando decimos «la gente»?
Detrás de todo esto hay un viejo problema que los sociólogos llaman el radio de la confianza: ¿a quién imagina exactamente una persona cuando oye «la mayoría de las personas»?
En 2011, Jan Delhey, Kenneth Newton y Christian Welzel lo pusieron a prueba con datos de la Encuesta Mundial de Valores de 51 países. Compararon la pregunta clásica con preguntas específicas sobre la confianza en los propios (familia, vecinos, conocidos) y en los ajenos (desconocidos, personas de otra religión o nacionalidad). En 41 países, la pregunta clásica se refería sobre todo a los ajenos. Pero el radio variaba: era más estrecho en los países de cultura confuciana y más amplio en los países ricos. Al corregirlo, cambiaban algunos puestos de las clasificaciones.
Así que ni siquiera la pregunta clásica es una regla perfecta. El nuevo estudio añade que la respuesta depende no solo de a quién imaginamos, sino también de qué se pregunta: nuestra actitud o nuestra impresión sobre los demás.
Quién ve más confianza
El Global Flourishing Study aporta también algunas observaciones sobre las diferencias dentro de cada país. Las personas de 60 a 79 años ven, de media, más confianza a su alrededor que las más jóvenes. Los hombres, más que las mujeres (25 % frente a 21 %).
¿Crisis de qué confianza?
Los titulares sobre la crisis de confianza aparecen con regularidad. Pero a menudo detrás hay mediciones distintas.
El Edelman Trust Barometer 2026, una encuesta en línea a casi 34.000 personas de 28 países, habla de un repliegue sobre uno mismo: alrededor del 70 % de los encuestados no está dispuesto a confiar, o duda en hacerlo, en personas con valores, opiniones o fuentes de información diferentes. Es la confianza a través de las diferencias.
La encuesta de la OCDE sobre la confianza en las instituciones públicas, con resultados publicados en 2026, muestra que de media el 40 % de los habitantes de los países de la OCDE tiene una confianza alta o moderadamente alta en su gobierno nacional. Es la confianza en las instituciones.
Y el Global Flourishing Study mide otra cosa más: la impresión de la gente sobre la confianza entre sus compatriotas. Cada una de estas cifras es útil. Pero no son intercambiables, y no se puede sacar conclusiones sobre una a partir de otra.
Por qué importa lo que creemos que piensan los demás
¿Importa la confianza percibida si nosotros, personalmente, confiamos? Aquí ayuda la teoría de juegos.
En el clásico «juego de la confianza», descrito por los economistas Joyce Berg, John Dickhaut y Kevin McCabe en 1995, un participante puede enviar parte de su dinero a otro. La cantidad enviada se multiplica, y el segundo participante decide cuánto devolver. La decisión del primero depende no solo de su carácter, sino también de lo que espera de su compañero.
De aquí se desprende una idea posible: si la gente cree que a su alrededor nadie confía en nadie, puede actuar con más cautela incluso cuando está dispuesta a confiar. Esta es nuestra interpretación, no una conclusión de los autores del estudio, y no puede comprobarse con estos datos. Pero ayuda a entender por qué la «impresión sobre la sociedad» no es un simple estado de ánimo, sino parte de cómo funciona una sociedad. Juegos como este forman parte de nuestra serie sobre teoría de juegos.
Lo que todavía no sabemos
- Una sola pregunta. La confianza percibida se midió con un solo ítem. Los autores no tenían la pregunta clásica en la misma encuesta para comparar las respuestas de las mismas personas.
- Años distintos. La comparación con la pregunta clásica se basa en datos conjuntos de la Encuesta Mundial de Valores y del Estudio Europeo de Valores, sobre todo de 2017–2022, pero en algunos países de 2004 o de 2014.
- El radio de la confianza. Sigue sin estar claro a quién imaginan los encuestados cuando responden sobre «la gente del país».
- Cultura e idioma. Los autores advierten expresamente que «cuántas personas» puede entenderse de forma distinta según la cultura, así que conviene comparar países con prudencia.
Qué se desprende de todo esto
La próxima vez que aparezca un titular sobre «el país menos confiado» o la «crisis de confianza», conviene hacerse tres preguntas. ¿De qué confianza se habla: en desconocidos, en las instituciones o en personas con otras opiniones? ¿De quién: personal o percibida? ¿Y cómo estaba formulada exactamente la pregunta?
Las respuestas a menudo pesan más que la propia cifra. Y recuerdan que la confianza no es solo lo que sentimos hacia los demás, sino también lo que creemos que los demás sienten hacia todos nosotros.
Preguntas para el debate
- Si te preguntaran cuántas personas en tu país confían unas en otras, ¿qué responderías? ¿Coincide con cuánto confías tú?
- ¿En quién piensas cuando oyes «la mayoría de las personas»: vecinos, compañeros de trabajo, desconocidos en la calle, gente en internet?
- ¿Qué crees que influye más en tu impresión sobre la confianza en la sociedad: la experiencia personal o las noticias y conversaciones a tu alrededor?
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